XuanRata's profileFUERA DE TEMPORADAPhotosBlogListsMore Tools Help

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    July 26

    Fotos robadas

     

                Buscar haces de sol y arcoiris al amanecer no deja de ser una manera como cualquier otra de limpiarse las telarañas que la noche ha ido tejiendo en nuestros ojos. Lo malo es que si por casualidad uno los encuentra, entonces empezamos a dudar de nuestra vigilia recobrada y como en un sueño del que no queremos despertar dejamos que suene y suene la alarma del reloj, y gozamos con delectación del retraso que vamos acumulado junto con una pizca de culpa, que es la especia que adereza casi siempre el placer de las pequeñas rebeldías que la clase media bien domada se inventa para seguir sobreviviendo.

                Esos minutos indebidamente apropiados vienen a ser a escala cotidiana como el reloj que hace unos días en Albania y a la vista de todos, una mano sustrajo de la muñeca de George Bush, bañado en una multitud que acudía a contemplar el paso del rey desnudo; o como los zapatos que un niño hurtó al líder palestino de Hamas a la puerta de una mezquita mientras este negociaba con Alá ciertas prebendas en su guerra particular de esta semana. Un líder en plena calle y sin zapatos puede coger un resfriado pese a estar bien rodeado de guardaespaldas que le protegen de corrientes traicioneras. Probablemente el niño que distrajo los ínclitos zapatos no llevara más esparto en sus suelas que el que produce la planta oscura de su pie, y pese a ello no sentiría el frío de la calle porque los escombros guardan bien el calor de las explosiones. Igualmente un líder en plena calle y sin reloj podría sufrir síntomas a desorientación, si ésta no fuera ya congénita, al no encontrar en su muñeca la hora local de Washington D.C. y verse rodeado de recios albaneses que le aclaman por alguna heroica hazaña que él mismo no acierta a recordar. Sin su cronógrafo que ordena el tiempo en jornadas minuciosas como un apuntador que le va soplando el guión escrito por otros, temería tal vez ver descubierta su impostura, aunque esto no es probable porque el temor es atributo de los fuertes.

                Yo me miro de reojo la muñeca y como en la canción maldigo mi suerte al encontrar en ella mi reloj impertérrito. Además llevo calzado de entretiempo porque esta noche ha llovido y anda el cielo algo revuelto últimamente. Despojarse del reloj y los zapatos, grilletes y salvoconductos del tiempo y el espacio, son los actos liberadores por antonomasia, los gestos que preceden a la íntima entrega que nos pierde en los brazos de otro cuerpo, en la arena que linda con las olas, en nuestro propio sueño. Esos líderes conductores de los pueblos no supieron ver el favor que les hacían las manos anónimas de un pícaro y un niño y se apresuraron a buscar a los culpables y a reponer la pérdida con un exacto duplicado. Solo su ceguera explica que lleven la vista alta. Mientras tanto a los demás mortales nos van robando la cartera, cada día, en una sisa implacable y necesaria para alimentar el presupuesto dedicado a moda y complementos de tan altos dignatarios.

                El arcoiris se fue desvaneciendo y dejó paso a un chaparrón. Mis pies agradecieron la protección impermeable de los "timberland" y en la esfera calculé con precisión los minutos que habré de devolver la próxima semana. Como el otro barrendero barrí el suelo con el obturador abierto de mi "canon" y una paloma me dejó la brizna permanente de su vuelo. No hubo robo en ningún caso sino préstamo, pero al menos los réditos son para nosotros.

    July 19

    Herbolario

              

                  Es sabido que la disposición de los pétalos de las flores obedece a criterios matemáticos. O mejor sería decir que esa ordenación natural de las ramas y las hojas que van brotando en torno al tronco de los árboles puede ser descrita mediante fórmulas numéricas. Se trata simplemente de que aquella estructura vegetal que mejor aprovecha el espacio, la luz y la humedad disponibles termina imponiéndose al cabo de las eras. La belleza de la rosa es en definitiva una cuestión de eficacia, de aprovechamiento de recursos. La perfección de la espiga es a la postre un asunto de buena administración. De igual manera crecen nuestras urbanizaciones en los extrarradios, rellenando el horizonte con sus pautas geométricas. Y sin embargo, pese a su minucioso aprovechamiento del suelo disponible, no acertamos a ver en ellas la elegancia que distingue a un simple diente de león, o a la silueta de una ortiga contra el cielo. Será tal vez porque no es lo mismo la compleja matemática financiera que la simple aritmética de las proporciones. O será quizás porque en el dibujo del cardo hay algo más que cálculo, porque en su apariencia espinosa reside a lo mejor una proporción o una medida que aún se nos escapa. Ya llovió desde que los griegos descubrieron los secretos de la proporción y su precario subproducto, la armonía, en campos tan dispares como las matemáticas, la arquitectura, la escultura, la filosofía, la política. Sí, la teoría nos la sabemos. Se estudia (o se estudiaba) en los colegios. Pero a la hora de ponernos manos a la obra se nos va la mano y la obra no acaba de cuajar. Un aborigen australiano se niega a vender las tierras de sus antepasados, que han resultado contener ricos yacimientos de uranio, pese a haber recibido una oferta de cinco mil millones de dólares. Razones sentimentales y ecológicas respaldan su admirable resistencia, pero tal vez no sea el menor de los motivos la desproporción de la suma ofrecida que de tan fantástica resulta grotesca.

                 Lo que pueda tener que ver todo esto con las fotos que acompañan esta entrada es algo que incluso a mí se me escapa un poco. Tal vez quieran ser un breve estudio de las formas, en la creencia de que si las formas se examinan a fondo resulta que en el fondo están las formas y las formas en el fondo son la forma de entender el fondo de las cosas.      

    July 12

    La ciudad se despierta

     

                     La ciudad se despierta con el bostezo de las cafeterías. Mientras, el sol va lentamente levantando las fachadas. Los pasos de cebra parpadean para nadie y algunos insomnes logran conciliar el sueño apenas cinco minutos antes de que el despertador reviente de pitidos. Yo intento aprovechar la luz recién nacida para acudir por calles nuevas, para doblar las esquinas y sorprender en el cambio de guardia al milagro cotidiano de lo insólito. Pero las manos terminan siempre agarrando ese periódico. Y uno llega a veces con la sensación de que, como diría Angel González, ya desde muy temprano, ayer fue tarde.

    July 05

    Cielito lindo

              

                Si un día me diera por hacer recuento de mis fotos y calcular en cuántas de ellas el cielo es el principal protagonista, seguramente tendría que concluir que tengo mucho de meteorólogo frustrado. La mayoría de los mortales no acabamos de apreciar el arte abstracto y nos deja más bien fríos cuando no francamente cabreados. Pero es difícil imaginarse algo más abstracto que un mazo de nubes a medio barajar y mejor o peor iluminadas según tenga el día el de los focos. Porque no nos engañemos, los dragones y castillos que adivinamos en sus formas caprichosas son precisamente consecuencia de nuestra necesidad de cubrir su falta de sentido. Y sin embargo la vista se detiene en su contemplación a poco que uno tenga algo de sensibilidad más allá de la cartera. Y mira que las puestas de sol están devaluadas debido a la tremenda inflación a que las han sometido los anuncios de ron y los fotógrafos de postales que todos somos de vez en cuando. Pero es que resulta difícil resistirse a esa ilusión de que algo se está representando ante nuestros ojos. Saber que esas masas ciclópeas, esas texturas hechas de viento y vapor tienen fecha de caducidad casi instantánea nos hace apreciarlas aunque solo sea por simple solidaridad entre lo perecedero. Supongo que detener ese instante efímero sería uno de los retos de los primeros paisajistas de la pintura. Y después de ellos, los demás probablemente nos limitamos a reproducir lo que a través de los libros de texto y de las enciclopedias hemos aprendido a identificar como belleza. Al fin y al cabo, una vez contemplados los cielos oníricos de Turner nuestra visión queda contaminada para siempre. Total, que ahora que las predicciones sobre el tiempo llegan en forma de parte certificado por un Instituto Oficial y que las peticiones imposibles no se elevan a las alturas sino que se sellan en los despachos de apuestas y loterías del Estado, alzar la vista al cielo se queda en poco más que un impulso romántico de los que no quisiéramos morirnos sin ver, como el trágico replicante, naves en llamas más allá de Orión.